Llueven estrellas al amanecer, cuando las olas rompen entre espumas anaranjadas y se visten de arena. Llueven desconsoladas por el fin de la noche mientras su luz se apaga. No vuelvas a mirar, ya no están; y en su lugar la azul soledad.
Trazamos con tiza líneas en el cielo tratando de unir las estrellas que ya fueron. Buscamos luces en las luces, que nos cieguen y nos brillen, que nos enciendan la mirada. Es un acto de rebeldía, soñar el negro perforado por caminos infinitos que iluminan los actos por realizar.
Abrumadora belleza, de salitre en los pulmones, de blanco radiante y negro tizón. De sueños en supernova, ilusiones binarias, esperanzas que nacen llegándonos su luz una noche de marea calma. Recostados de cara, las miramos de frente y por un momento dejamos de ser, y somos.
Llueven estrellas al atardecer, cuando las olas rompen entre espumas azuladas y se desvisten de arena.
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