Si pudiera claudicaría de mí mismo, me señalaría y condenaría por intento fallido de persona. Me pienso y me recuerdo, y lo hago con decepción y un poco de vergüenza, incapaz de retener a las personas, un fuego fatuo que deslumbra y se apaga tan rápido como una bengala.
En mi autopsia saldrán, a modo de caja de Pandora, todos los defectos, equivocaciones e inseguridades vestidas de fortaleza falsa que han marcado mi vida y que, en definitiva, señalan lo que fui, alguien a quien olvidar.
Algo ha estado roto desde el principio, algo que me creí, que lo cultivé y lo dejé crecer. La caída era inevitable, causa y consecuencia de la revelación, eres imbécil e incapaz, egoísta, arrogante, débil, tu propia mentira.
Sólo queda callar, no ser, porque el camino recorrido es más largo que el que queda por caminar, escaso en proporción e insuficiente. Siento el daño hecho, las injusticias cometidas y afronto mi responsabilidad.
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